Nuevas pistas sobre la mortalidad de jóvenes en la pandemia gripal de 1918

1918 pandemic

La pandemia de influenza de 1918-1919 enfermó a una tercera parte de la población y se estima que provocó la muerte de 50 millones de personas. Desde entonces, han habido 4 pandemias más, sin embargo ninguna tan devastadora como la de 1918.

Una característica de aquélla pandemia fue que las personas que rondaban los 25-30 años, tenían más probabilidades de morir. En un escenario típico, los niños y los adultos mayores son más propensos a morir cuando surge un brote de influenza.

En un estudio reciente, el equipo dirigido por Michael Worobey, de la Universidad de Arizona, sugiere que no hubo alguna característica particular del virus en el brote de 1918, sino que la alta mortalidad de la población de 25-30 años fue el resultado de un cúmulo de eventos fortuitos.

Desde hace varios años se ha tratado de explicar la alta mortalidad del virus, así como la facilidad que tuvo para transmitirse de persona a persona. Algunos estudios ya habían propuesto que la alta tasa de mortalidad probablemente se debió a una respuesta inmune inusualmente fuerte. De modo que las personas que tenían los sistemas inmunes más robustos, enfrentarían un mayor riesgo.

Sin embargo, Michael Worobey apunta: “Los adolescentes y las personas entre 20-25 años también tienen un sistema inmune robusto, pero tenían un riesgo mucho menor de morir que aquéllos de 25-30 años.”

Para tratar de explicar este fenómeno, el grupo comparó el virus de 1918 con otros virus gripales. La evidencia que obtuvieron sugiere que el virus de 1918 no brincó a humanos justo antes de la pandemia. En lugar de ello, el virus adquirió características para infectar a los humanos una década antes, por lo que este “proto virus” de 1918 circuló durante varios años entre la población sin causar mayores problemas.

Fue la combinación genética entre el “proto virus” de 1918 con un virus de gripe aviar el que provocó la pandemia, sugiere Worobey.

El estudio propone que las personas de 25 años o menos estaban protegidas contra el virus pandémico porque ya habían sido expuestos a una versión menos agresiva del virus. Cuando las personas se enferman de gripe, generan anticuerpos que proveen cierto nivel de protección contra virus similares.

Algunos estudios sugieren que la primera infección gripal de un niño, tiene efectos determinantes en su respuesta inmune. Los niños que nacieron justo después de 1900, habrían sido infectados con la versión “proto virus” de 1918. Cuando el virus pandémico surgió, tenían anticuerpo que los protegían de un cuadro severo de gripe.

Para entender por qué los adultos mayores no eran tan susceptibles al virus pandémico, Worobey y sus colegas se remontaron a brotes del siglo XIX. Los adultos mayores se habrían infectado de gripe a principios y mediados de los 1800s. El equipo sugieren que los virus en aquéllos años eran similares al de 1918. Es decir: los adultos mayores estaban protegidos contra el nuevo virus.

Para tratar de darle evidencia experimental a esta hipótesis, acudieron a trabajos hechos en la década de 1950 con adultos mayores que habían sobrevivido a otra pandemia gripal que tuvo lugar en 1889.

Bajo la premisa de que estas personas habían contraído el virus de 1889 siendo niños, los anticuerpos generados en ese entonces los habrían protegido contra virus parecidos. En los estudios citados, se analizaron los anticuerpos de los adultos mayores que estuvieron expuestos al virus de 1889. Los resultados arrojaron que estos anticuerpos se unían fuertemente a virus gripales que estaban lejanamente emparentados con el virus de 1918. Esto significa que no estaban totalmente protegidos contra el devastador virus de 1918.

En pocas palabras, las personas que tenían 25-30 años durante la pandemia de 1918, fueron víctimas de una cuestión temporal; el haber contraído el virus de 1889 no los protegió contra el virus de 1918.

A pesar de que el escenario presentado por los autores es un tanto rebuscado, podria abonar a entender cabalmente las razones por las que el virus tuvo tal agresividad en los jóvenes que rondaban los 30 años.

Por fortuna, ahora tenemos vacunas, antivirales y antibióticos para combatir la agresiva neumonía bacteriana que le sucede a una infección viral. Sin embargo, comprender adecuadamente el complejo rompecabezas que representa la pandemia de 1918, ayudará a evitar un escenario similar.

 

 


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