Cuento
Para qué tantas encuestas
Por Enrique M. Carpio
En días pasados, mientras intentaba escribir un artículo sobre un tema que aún no tenía muy claro, llegó un primo a mi casa y de inmediato mi concentración desapareció. Traté de contar hasta diez muy despacio como lo he visto en la tele, pero no iba ni en cuatro cuando Giovanni –nunca entendí por qué de ese nombre a mi primo que es moreno, bajito y panzón– ya estaba esculcando entre mis libros, haciendo preguntas, contando miles de aventuras y casi arrebatándome la computadora para jugar.
Como sabía que mi primo iba a estar al menos ahí conmigo dos horas, decidí tratar de sacar algún provecho y recordé que en unos días se cumplirá el primer aniversario de Reporta, una página de internet que monitorea por medio de una simples preguntas algunas enfermedades respiratorias. Dejé que Giovanni terminara su juego y le dije que si no se inscribía a la página y llenaba el cuestionario, no podía usar más mi computadora. Como jamás le había puesto restricciones me miró como si fuera una broma, pero al ver que seguía con mi artículo –al menos eso es lo que intenté– aceptó mi propuesta
Claro que no fue fácil, pues desde el principio mi primito cuestionó todo. Para qué sirve eso, para qué quieren que ponga mi información, no voy a decirles a unos desconocidos si me ha dolido la garganta, qué les interesa si a mis amigos también les pasa lo mismo que a mí, etc., etc., etc. Al final de esa alegata terminó con el llenado del cuestionario, jugamos, nos divertimos y por fin se fue a la preparatoria en donde estudia.
Hoy recibí un correo de mi primo que me sorprendió y agradó a la vez, pues Giovanni me pregunta que para qué sirven las encuestas y si tener un montón de datos de muchas personas puede ayudar en algo a la salud. Luego me reta y dice que si logro responder, él mismo invitará a sus amigos a que se colaboren cada semana con Reporta.
Después de pensar, leer e investigar un poco, encontré que hay un índice muy famoso que casi todas las personas conocen, el IMC (Índice de Masa Corporal). Para calcularlo basta con conocer el peso y la estatura de una persona y hacer unas simples cuentas con estos datos. Lo interesante de todo esto para dar una respuesta a Giovanni es la manera en que nació esta forma de decidir si un individuos es obeso, delgado o está dentro de la normalidad.
Adolfo Quetelet, un matemático, estadístico y astrónomo dedicó grandes esfuerzos a recolectar datos sobre suicidios, nacimientos, matrimonios, mortalidad, etc., y al estudiar las relaciones que había entre ellos pudo obtener algunas conclusiones interesantes así como el mencionado IMC. Es decir, contar con una serie de datos ayuda a ver relaciones, consecuencias, regularidades o simplemente decidir que, por ejemplo, tomar la propia orina no ayuda a mejorar la salud, como algunas personas afirman.
Con esto se puede responder fácilmente a la segunda pregunta de mi primo sobre si la acumulación de datos ayuda a la salud. Obviamente que tener una base de datos que permita conocer edades, géneros, dolores de garganta, enfermedades crónicas, entre otras, no ayuda para que las personas se enfermen más o menos, pero permite analizar los datos para conocer si existe riesgo de una epidemia o contagio importante de alguna enfermedad. Además ayuda a determinar si una persona en particular es propensa a contraer un virus o si ya lo contrajo y hay que tratarlo para que no tenga consecuencias mortales.
Al manejo de datos se le llama estadística, que es uno de los muchos objetivos que tiene Reporta. Pero no se pueden extraer conclusiones fiables, interesantes, de relevancia que ayuden a la sociedad si no se cuenta con esos datos. Jamás pensé decir esto, pero Giovanni puede ayudar mucho al monitoreo si él y sus amigos responden cada semana el cuestionario.
Ahora le mandaré a mi primo las respuestas, sólo espero que cumpla su palabra y le satisfagan las explicaciones. Aunque lo convenza o no jamás me libraré de sus constantes visitas e interrupciones. Por cierto, tocan el timbre, seguramente es él, así que mi concentración está destinada a morirse un rato, pero como el ave fénix revivirá para seguir contándoles algunas anécdotas que, espero, les sean entretenidas.